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No hay puntada sin hilo

Es un gusto, para la Fundación Muy Simple, contar con Claudio Macchiavello en su staff docente. No solo porque se trata de un profesional reconocido, sino porque es una persona altruista, con la que nos hemos dado el lujo de trabajar, aún antes de ingresar como profesor a MS. En esta nota, nos cuenta sobre el curso en el cual está a cargo. 

Sentado frente a una mesa larga que se utiliza para cortar telas, Claudio Macchiavello, despide a las últimas alumnas que salen del aula taller de la Fundación Muy Simple (MS). Es el profesor del curso de Moldería y Confección Industrial desde hace dos años, y hace 17 que se dedica a la docencia. “Solo doy clases en mi estudio y aquí, en MS, porque creo que la acción que hace es maravillosa. Hay mucha gente que necesita un apoyo para salir de su casa, para darse cuenta de que sí se pueden hacer cosas, que quizás teniendo un estudio más acotado se puede tener un beneficio económico y se pueden insertar en un ámbito laboral;y eso es lo que promueve y hace la Fundación”, afirma.
En MS, Claudio, diseñó un programa enfocado al principal objetivo de la Fundación: brindar una herramienta laboral para toda la vida. “La idea es que puedan trabajar como modelistas. Es algo que deja muy buen ingreso, lo hacen en su casa, no se necesita grandes espacios, ni grandes insumos para hacerlo; solo papel, una regla y tijeras. Esos moldes se los entregan al fabricante, él hace la muestra y después se progresiona. Entonces se cobra la base de la moldería y todas las progresiones, que es cuando uno escala del talle S al M o L, por ejemplo”, explica el docente.
El curso se dicta dos veces por semana: los viernes Claudio enseña la parte teórica, y los martes se da la parte práctica de confección, donde las alumnas aprenden a coser con las máquinas industriales los prototipos que aprenden en moldería. “Lo primero que se les enseña es la proyección de la programación: tenemos faldas en primera instancia, que vamos a ver la base y las transformaciones. Luego se va a enseñar lo que es la nomenclatura industrial, márgenes de costura y progresiones de talles. Después pasamos a pantalones con el mismo formato, y por último, a la parte de corpiño. Este curso dura un año. En ese lapso, ya tienen todas las estructuras para poder trabajar”.
El aula de corte y confección tiene forma de ele. En el extremo más largo se encuentran las mesas de corte donde las alumnas despliegan los géneros y dibujan los moldes. Se alimenta de luz natural que entra por un ventanal, y también de luces blancas artificiales. En el extremo más corto, se encuentran las máquinas: rectas; overlock de tres hilos; de cinco hilos; collaretas y una de triple arrastre, todas industriales. También hay algunas máquinas familiares que sirven para quienes recién empiezan.
Como en la mayoría de los cursos, es indispensable que las estudiantes puedan aplicar lo que aprenden en las clases durante la semana, por eso el espacio está disponible para que puedan coser si no cuentan con máquinas en sus casas. “El taller está abierto para las necesidades del alumno. De hecho si tienen un proyecto y les surge la posibilidad de poder confeccionar algo, lo solicitan y se les cede el lugar, siempre pidiéndoles que tengan cuidado”, señala Claudio.
El año pasado se egresaron de este curso 16 alumnas, este año son 21 las que están cursando. “Creo que es un gran trabajo el que hace la Fundación y está bueno que se sepa. A veces uno viene a tomar clases y no se da cuenta del esfuerzo que hay detrás para lograr un edificio que está maravilloso, equipadísimo y que sea todo gratuito. Por eso elijo dar clases en MS”, finaliza el profesor.