Notas detalles

Todo llega

Se está capacitando en cinco cursos de estética. Gracias a una tía, pudo comenzar con su propio emprendimiento. Es una de las alumnas más queridas por pares, profesores y todos los que componen muy Simple. Una mujer trabajadora y siempre dispuesta a ayudar al prójimo, a quién tenemos el honor de contar en nuestras aulas.


Mirta Carro Carro es una trabajadora incansable. Una mujer emprendedora que, luego de muchos años de lucha, está cumpliendo su sueño de convertirse en una profesional de la estética. A mediados del 2014 conoció a Muy Simple (MS) por medio de un familiar que vio una nota en Canal 9. “Siempre me gustó la peluquería. Lo que pasa es que cuando decía que iba a estudiar no me alcanzaba porque no tenía un sueldo fio. Me decía: ‘tengo 500 pesos. O pago la luz y el gas, o pago el curso’. No llegaba”, cuenta mientras prepara el mate al estilo de su Uruguay natal. En la Fundación encontró lo que buscaba: cursos gratuitos. Hoy está cursando su segundo año de Corte y peinado y sumó: Colorista Capilar, Manicura, Depilación y Maquillaje.

El año pasado, cuando estaba por finalizar las clases en la Fundación, recibió el regalo que marcaría el inicio de una nueva etapa: “El 29 de octubre, por mi cumpleaños, mi tía –que veía las fotos e información que subía Úrsula (Carle) en la página de Facebook de la Fundación-, me mandó una cantidad importante de dinero para que pusiera una peluquería. Con eso me pude comprar el lava cabezas, el sillón, el ayudante, los espejos. Todo buscando precio. Mi cuñado donó el mueble que va debajo del espejo”. Su marido se encargó de separar la casa del salón, haciendo una prolija división con durlock. Ella y su hermana, con quien comparte el emprendimiento y se sumó este año como alumna de Maquillaje de MS, se encargaron de pintar las paredes con tonos verdes y se ocuparon de tapizar los muebles de color violeta. “Todo lo que recaudamos lo separamos para comprar tinturas, cera; primero se invierte todo acá”, comenta mientras alista las toallas y las enrolla para que queden ordenadas para recibir a sus clientes.

Pero antes de cumplir su sueño de la peluquería propia, Mirta anduvo otros caminos: “Donde está la peluquería, antes funcionaba una feria americana. Sacaba las cajas todos los días a la calle con la ropa usada que compraba por internet y antes de eso, cuando me mudé acá, -la casa es de sus padres-, hacía panes y repostería todos los días. Pero después me mató que a la vuelta pusieron una panadería, y ahí me fui en picada. Entonces empecé a trabajar en la panadería. Pero la cerraron porque no tenía buena venta. Por suerte tenía lo de la ropa. En ese momento fue cuando me anoté en MS. Al ser una vez por semana, podía abrir los demás días, y a la vez ya iba haciendo un color o unas mechitas a domicilio”.

Mirta tiene una excelente relación con los docentes y con sus compañeros, y está siempre dispuesta a colaborar con MS cuando se la necesita. Dice estar muy contenta con las prácticas en la Academia de la Fundación y con el nivel de excelencia de los profesores. “Para mí es bárbara Julia (Verozub), la profesora de Color. El otro día me indicó cómo hacerle unas mechas a una clienta que tiene el pelo blanco por la decoloración. Al principio me dijo que era algo complicado, pero me explicó y me enseñó cómo hacerlo. ¡Quedaron espectaculares las mechas en color chocolate! La verdad es que estoy re cómoda en la Fundación. Con Úrsula, Anita, los chicos, con todos. Es como ir a mi casa. Todas las mañanas estoy siempre ahí”.